Hace ya casi 10 años, comencé a entender que la Psicología tradicional no permitía llegar al fondo de esta experiencia. Frecuentemente me tropezaba con esa explicación demasiado neurológica, demasiado conductual o simplemente tan incompleta. Se me hizo claro el reduccionismo mecanicista de la Psicología, luego en la Ciencia, pero también en la Educación, en la Economía, el paradigma de pensamiento dominante en el mundo es así de materialista y fragmentario. ¿Cómo dejan de existir la guerra, los conflictos, en un mundo que se vincula en términos parciales donde todos somos simples objetos?
Fue esta realización la que me llevó a busca una alternativa a la fragmentación, a la separación o ese mirarnos por piezas como robots. Me pasié por el Hinduismo Advaita, el Budismo y el Zen buscando las filosofías totales, entonces encontré lo que una tarde llegó a mi mente con un garabato hecho sin pensar, la comprensión de la Unidad detrás de todo, es decir, la existencia no dual, la idea de que todos somos la divinidad y la divinidad somos.
Sumergida en esta investigación personal y profesional, empecé a escuchar en muchos espacios relacionados al despertar espiritual, la pregunta reiterada “pero ¿cómo se regresa a la unidad?, es decir, ¿cómo se expande la consciencia hasta ver y sentirnos todo?”, esa se transformó en mi pregunta central de investigación, una que transformaría a la Psicología actual, que la devolvería a la Consciencia como su objeto de estudio, sin tantos neuros, condicionamientos o cambios cognitivos. Esa pregunta nos conecta más con la Física cuántica de tercera ola, mientras nos regresa a las raíces de Oriente que conocemos hace siglos.